
La autoestima es un concepto, una actitud, un sentimiento, una imagen, y está representada por la conducta.
De niña viví en una granja; en al patio trasero había una enorme olla de hierro negro. Mi madre hacía su propio jabón, así que, durante una parte del año, la olla estaba llena de jabón. Cuando llegaban los grupos de trilladores en verano, llenábamos la olla de cocido; en otra ocasiones, mi padre almacenaba en ella estiércol para los lecho de flores de mamá. Llagamos a llamarla la olla de “tres usos”.
Mucho después, cuando la gente me habla de sí –diciendo que se sentían llenos, vacíos, sucios- recordaban esa vieja olla.
En poco tiempo, este término sirvió a muchas familias a expresar los sentimientos. Un padre decía: ”Mi olla está llena hoy”, lo que significaba que se sentía superior a cualquier cosa, pleno de energía. O tal vez un hijo decía: “Me siento con la olla vacía”, y esto comunicaba a los demás que tenia la sensación de ser insignificante, que estaba afligido.
Una esposa que vacila ante la posibilidad de decirle a su marido que se siente inadecuada, deprimida o indigna, puede manifestarse con franqueza: “No me molestes ahora; ¡mi olla está por los suelos!”.
La autoestima es la capacidad de valorar el yo y tratarnos con dignidad, amor y realidad.
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